Elementos de la confección del plan de convivencia en los IES de Baleares
Una vez descrito qué es lo que se debe hacer, tanto desde un punto de vista conceptual como desde una perspectiva más legal, se presenta un estudio sobre la implicación de los padres, profesores y alumnos en la confección y puesta en marcha de los Planes de Convivencia en los centros de educación secundaria de las Illes Balears.
Se es consciente que en un año, el plan de convivencia de los centros no ha hecho más que empezar y que son varios los centros (un 28.1%) que todavía no han terminado de redactarlo. No obstante, el estudio realizado no se basa en el resultado o en el impacto que este plan de convivencia ha tenido sobre los alumnos de los institutos de las Baleares, si no en aspectos preparatorios, previos a la implementación de los mismos en los centros. Dicho de forma esquemática, no nos ha interesado saber qué se ha hecho en relación con los planes de convivencia, si no cómo se ha hecho.
Los objetivos del estudio realizado son:
Delimitar hasta que punto los planes de convivencia son un documento nuevo en el centro.
Delimitar el grado de participación de los profesores, padres y alumnos en la confección del plan de convivencia del centro.
Observar cuáles han sido las técnicas utilizadas para la detección de las necesidades o conflictos que se han dado en el centro.
Observar cuáles han sido los métodos de difusión y propaganda del plan de convivencia en los centros educativos.
Participantes.
La muestra está compuesta por 57 sujetos, primordialmente los orientadores del centro. Si los orientadores no podían dar respuesta a las cuestiones que se les planteaban, se ha pasado la encuesta a los jefes de estudio de los centros. La causa para cambiar del orientador al jefe de estudios ha sido si éste no estaba en el centro el año anterior y no sabía cómo se habían confeccionado los planes de convivencia del centro. Del total de los entrevistados 43 (un 75,43%) son los orientadores del centro y 14 (un 24,57%) son jefes de estudio. Del total de los 66 centros de Educación Secundaria de las Illes Balears, la muestra supone un 83’6% de los centros. La muestra seleccionada es representativa con un margen de error de ±4,92 para un nivel de confianza del 95,5%. Al ser una muestra reducida no se ha hecho ninguna diferencia entre los distintos IES.
La selección de los centros se ha hecho al azar.
Instrumento
El instrumento de recogida de datos es una encuesta de confección propia. Las dos primeras cuestiones son sobre el grado de conflictividad que creen que el centro tiene (en una escala del 1 (poco) al 10 (mucho)) así como quienes suelen tener más conflictos en el centro (alumnos con alumnos, profesores con alumnos o profesores con padres), pidiéndoles que ordenasen de mayo a menor la incidencia de conflictos en estos grupos (37). También se les pregunta si el centro tiene plan de convivencia así como las fuentes que han usado a la hora de confeccionar el documento (un documento confeccionado completamente nuevo, un reciclado de otros documentos que el centro ya tenía o bien documentos de otros centros).
Tres preguntas son para averiguar el grado de participación de profesores, padres y alumnos en la confección del plan de convivencia(38). “El centro escolar en tanto que sistema abierto, permeable y dependiente, desarrolla y cumple sus funciones condicionado por la interacción de los elementos internos y los del entorno. La intervención de otros miembros de la comunidad escolar, así como los enseñantes, en los procesos de organización y gestión está suficientemente justificada y no únicamente porque las leyes lo reconozcan explícitamente” (Antúnez, 1998, Pág., 65). La opción de respuesta es cerrada. Para el profesorado se dan cinco opciones (Todos se han implicado; Solo algunos se han implicado; Unos pocos se han implicado; Ha sido cosa del Equipo Directivo, el D.O.(39) y pocos mas; Otros). Para padres y alumnos las respuestas son seis(40) en una escala de Likert (Muy baja; Baja; Media Baja; Media Alta, Alta, muy Alta).
La séptima pregunta está dedicada a averiguar cómo se han recogido los datos sobre el conflicto del centro y la participación de padres (41), profesores y alumnos (42). Sin querer entrar en discusiones sobre la cientificidad o no de la investigación en educación (Novack, 1982; De Miguel, 1988), diremos que las técnicas de recogida de datos en educación y por extensión en todas las Ciencias Sociales, son variadas. No obstante no todas las técnicas consiguen el mismo tipo de información. Si bien todas ellas tienen fortalezas y debilidades (Lukas, 2004; Ballester, 2004; Babbie, 2000; Hernández, et al., 2000; Buendía, 1997), una combinación de varias, puede dar una visión muy apurada de la realidad social. Las diferentes guías de confección de Planes de Convivencia revisadas indican que es importante confeccionar técnicas efectivas para saber cuáles es el grado y tipo de conflicto que se da en el centro (43). La respuesta de la pregunta es abierta, pero se ayuda a los entrevistados con indicaciones como: “No se han recogido datos”, “se han usado documentos como los expedientes abiertos”, “entrevistas”, “encuestas”….
La última cuestión es sobre la propaganda que se ha dado al Plan de convivencia en el centro (44).Cualquier programa educativo requiere ser conocido por todos los sujetos participantes en el mismo para que este pueda ser considerado de calidad (AENOR, 2002). La respuesta presentada es abierta, aunque se le recuerda al entrevistado si el Plan de convivencia (o un resumen) sale reflejado en la agenda escolar, en la WEB del centro o si bien se han hecho reuniones o jornadas de difusión del mismo.
Se ha contactado con los entrevistados por teléfono y en el propio instituto. La encuesta telefónica tiene tasas de respuesta superiores en ámbitos urbanos que la encuesta personal, además de tener un coste muy inferior a esta última (Ballester, 2004). Siguiendo las recomendaciones planteadas por Dillman (1978) se confeccionó una introducción a la encuesta en la que se indicaba el nombre del encuestador, la institución desde donde se realizaba el estudio (Departamento de Pedagogía y Didácticas Específicas de la UIB) así como el nombre y el teléfono del profesor responsable del mismo. Se informó previamente a los entrevistados de la duración estimada de la encuesta (aproximadamente 5 minutos) y que la respuesta era completamente anónima.
Ficha técnica
Ámbito territorial: |
Centros Públicos de secundaria Islas Baleares. |
Universo: |
66 Institutos de Educación Secundaria |
Amplitud de la muestra: |
57 centros han contestado |
Procedimiento de muestreo: |
Se ha intentado contactar telefónicamente con todos los orientadores (y en su defecto con jefes de estudio) de centros educativos de Educación Secundaria. |
Error de la muestra: |
Para un nivel de confianza del 95,5% (2 sigmas) i p = q, margen de error de ±4.92 para el conjunto de la muestra |
Fechas de realización: |
Del 11 de febrero al 20 de febrero de 2008. |
Procesamiento de los datos: |
Se ha realizado mediante los programas Excel y SPSS 13.1 |
Tabla 5: Ficha técnica de la investigación
Exposición de datos
El Plan de convivencia, no se ha realizado todavía en todos los centros consultados. Un 3.5% de ellos todavía no tiene el plan de convivencia realizado, mientras un 24.6% lo está confeccionando actualmente. Si bien es cierto que la normativa de la Conselleria d’Educació decía que el plan de convivencia debía estar realizado en el curso 2006-07, solo el 71.9% de los centros consultados tiene el plan de convivencia elaborado.
Sobre la cuestión “cómo ve el orientador o el jefe de estudios los problemas de convivencia que se dan en el centro”, la respuesta es variada. Un 43.9% opina que su centro tiene un grado de conflictividad bajo (puntuaciones de 1 a 3 en una escala de 10). El 45.6% opina que el grado de conflictividad de su centro es medio (puntuaciones de 4 a 6). El 10.5% opina que la conflictividad es alta (puntuaciones de 7 a 8) y ningún profesor opina que la conflictividad en su centro sea muy alta. Estos datos vienen a corroborar los estudios del Defensor del Pueblo de 2000 en que se señala que en los centros españoles existen más problemas de indisciplina (menos graves) que problemas de violencia (más graves). Los conflictos, en la gran mayoría de centros, se dan generalmente entre alumnos y después entre alumnos y profesores. En casi todos los centros consultados la incidencia de conflictos padres-profesores es muy baja.
Referente a la implicación de los diferentes miembros de la comunidad educativa a la hora de confeccionar el plan de convivencia, el resultado se presenta en el siguiente Gráfico (1).
Gráfico 1: Nivel de implicación de los distintos miembros de la comunidad educativa en %
Como puede verse, la participación de los profesores es bastante baja, y el peso del plan de convivencia suele caer sobre el equipo directivo del centro, y sobre el Departamento de orientación. No obstante hay que mencionar que en algunos centros la implicación del profesorado es mayor, y no solo participa en la confección del plan de convivencia si no que también se forma sobre técnicas de resolución de conflictos y mediación. No obstante, estos centros son los menos.
Los alumnos, por su parte, también tienen una participación baja en la confección del plan de convivencia. Los centros con mayor participación del alumnado coinciden con los centros con planes de mediación ya existentes, donde la cultura de la mediación ya había entrado en el centro, antes de las nuevas disposiciones de Conselleria sobre los planes de convivencia.
Por último, los padres, al igual que los otros grupos, tienen una participación generalmente muy baja o baja, a la hora de confeccionar el plan de convivencia. Las APIMAs, son unos vehículos buenos de esta escasa participación de los padres.
Referente a la recogida de datos previa a la confección de los planes de convivencia, como referente y evaluación inicial de los problemas que se presentan en el centro, los resultados aparecen esquemáticamente en el siguiente Gráfico (2).
Gráfico 2: Técnicas utilizadas para la detección de las necesidades o conflictos que se han dado en el centro en %
Como puede verse, en general las dos técnicas más utilizadas por los centros para la detección de las necesidades son las encuestas, así como la consulta a documentos como los expedientes disciplinarios abiertos, los diferentes registros de faltas que jefatura de estudios lleva, etc.
Casos especiales de detección de las necesidades son las consultas a las APIMAs, en el caso de los padres, o las juntas de delegados y tutorías con los alumnos donde se habla de los problemas que tiene el centro (semejante a un grupo de discusión). Otras técnicas utilizadas con los alumnos han sido el buzón de sugerencias o la consulta a los alumnos mediadores (los centros que cuentan con ellos). No obstante, y en general, las consultas realizadas, en especial a los padres, sobre las necesidades del centro son muy bajas.
Por último se ha querido observar cuál ha sido la propaganda que se ha dado al plan de convivencia. El plan de convivencia es un documento dinámico que debe ser conocido por la comunidad educativa, para así poder influir en las interacciones y en los conflictos que se den en el centro, tanto de forma activa como de forma pasiva. La publicidad dada al plan es un indicador que se debe tener presente como condición necesaria pero no suficiente para que este sea conocido y sobre todo interiorizado por los miembros de la institución. Los resultados se pueden ver esquematizados en el siguiente Gráfico (3)
Gráfico 3: Métodos de difusión y propaganda del plan de convivencia en %
Como puede apreciarse los métodos de difusión del plan de convivencia son variados y de diferente eficacia. El plan de convivencia se ha incluido, en parte, en la agenda escolar, como un documento de centro. También se ha colgado en la WEB de los centros, o bien se le ha dado publicidad mediante las APIMAs o las reuniones de los tutores tanto con alumnos como con padres. También se han utilizado hojas informativas para explicar el plan de convivencia. Con los profesores la difusión y propaganda del plan de convivencia se ha realizado mayoritariamente a través del claustro.
Hay que destacar que en más de la mitad de los centros (si excluimos los centros que todavía no tiene plan) no se ha realizado la difusión del Plan de Convivencia entre padres y alumnos quedando el documento como algo interno y propio de los profesores.
Conclusiones y propuestas
Los planes de convivencia están presentes en casi un 75% de los centros de Enseñanza Secundaria Obligatoria de las Illes Balears.
No obstante, hay que diferenciar los centros en los que el plan de convivencia es nuevo de aquellos que tenían ya otros planes de mediación o de resolución de conflictos en el centro. Se puede decir pues que hay dos velocidades a la hora de clasificar los centros con plan de convivencia: los que únicamente han reestructurado sus actuaciones sobre la gestión de la convivencia en el marco legal que la Conselleria propone, y aquellos (la gran mayoría) que por primera vez hacen explícitas las actuaciones sobre la gestión de la convivencia y la resolución de conflictos.
Ciertamente existe una cierta alarma social sobre la conflictividad en los centros (Torrego, 2006; Informe Ararteco, 2006; Rabasa 2005), sin embargo la apreciación de la conflictividad por parte de los orientadores y los jefes de estudio no es muy elevada. Parece que los centros tienen problemas de convivencia, aunque no son tan graves como los presentan los medios de comunicación. Esta es, a nuestro entender, la razón de que se den, entre los orientadores y los jefes de estudio apreciaciones de problemas de convivencia bajos, aunque comparados con épocas anteriores, los problemas hayan aumentado.
La implicación de los diferentes miembros de la comunidad educativa es dispar. La participación y la implicación de los diferentes miembros de la comunidad educativa es baja o muy baja .El plan de convivencia va más allá de la adquisición de unos conceptos y procedimientos de actuación, y está altamente imbuido de aspectos o contenidos actitudinales. El plan de convivencia no es únicamente un documento de centro que pueden venir dado por las instituciones educativas y que ha de ser concretado por los centros educativos. Creemos que los planes de convivencia no deben seguir la misma lógica de concreción del currículum (Antúnez, et al. 1999). Estos planes deben nacer del centro y ser propios del mismo. Existen muy pocos contenidos o actuaciones que puedan ser marcados por las instancias educativas superiores y que sean válidos para todos los centros. Los planes de convivencia son un documento dinámico y vivo en el centro y han de tener su inicio en el mismo centro. Por ello la implicación de los distintos miembros de la comunidad educativa es muy importante. Todos los miembros de la comunidad educativa son agentes activos y receptivos. Tanto profesores como alumnos y padres imparten convivencia y reciben convivencia. La baja implicación de toda la comunidad educativa puede hacer que los planes de convivencia se conviertan en documentos burocráticos y burocratizados. Y si bien cualquier documento de centro pierde efectividad cuando se burocratiza, en el plan de convivencia la burocratización puede convertirlo no sólo en un instrumento sin sentido, si no incluso en un documento que puede generar el rechazo frente a futuras intervenciones en el ámbito de la convivencia y la resolución de conflictos.
Para que el plan de convivencia sea un documento de centro, requiere de una evaluación inicial de cuáles son los conflictos que se presentan en el centro. Según los orientadores y jefes de estudio preguntados, la gran mayoría de los problemas de convivencia en el centro suelen tener a los alumnos como principales sujetos. Sin embargo, no se puede olvidar que el clima del centro escolar, depende tanto de las interacciones de las distintas personas o grupos que conforman la comunidad educativa como de la interacción de estos grupos con las reglas del centro y sus estructuras fijas (Torrego, 2006). Por ello no podemos dejar de señalar que la participación de los diferentes miembros de la comunidad educativa a la hora de detectar las necesidades de convivencia del centro, es todavía muy baja.
Por otra parte los instrumentos que se utilizan para la evaluación de la realidad relacional y de convivencia del centro, son demasiado dependientes de la percepción del profesorado. Creemos que la utilización de los cuestionarios no está lo suficientemente extendida entre todos los miembros de la comunidad educativa. También es cierto que el cuestionario no es la única técnica de recogida de datos en ciencias sociales y tiene sus limitaciones (Hernández, et al, 2000; Cabrera, 2000). Se pueden utilizar complementariamente las observaciones sistemáticas, los paneles Delphy o grupos de discusión como técnicas de recogida de datos.
Por último, para que un documento de centro sea realmente de todas las personas del centro y no sea únicamente un documento interno, es necesario que este documento sea conocido por los miembros de la comunidad educativa. La difusión de los planes de convivencia debe mejorar y en el propio plan de convivencia debe quedar reflejado cómo se va a hacer público el documento siendo uno de los criterios de evaluación del plan: ¿Cuál es el grado de difusión y conocimiento que se tiene del plan de convivencia del centro entre los miembros de la comunidad educativa?.
Otro aspecto a analizar (o a valorar) sería el impacto de las diferentes técnicas de difusión se pueden utilizar para que los alumnos padres y profesores conozcan el plan de convivencia. Es difícil buscar técnicas de difusión accesibles a todos los miembros de la comunidad educativa más allá de las técnicas pasivas (colgar en la página WEB del centro, poner un resumen en la agenda del centro, editar un documento para que se lo lean los profesores, padres, alumnos…). Es cierto que estos métodos pueden cumplir su función con eficiencia, pero también es cierto que su eficacia puede ser bastante discutible. Por ello creemos que es necesario realizar actuaciones de difusión del plan de convivencia, como jornadas, grupos de debate, mesas redondas, en las que los participantes, todos los miembros de la comunidad educativa sean no sólo sujetos receptivos-pasivos de la información que se les da, si no que también puedan participar e interactuar para asegurar la recepción y comprensión del plan de convivencia.
En definitiva, es necesario hacer un plan de convivencia para cada centro, para todo el centro y para todos los problemas de convivencia del centro que vaya más allá de un documento interno para convertirse en un identificador y un modelo de actuación del centro, ya que la educación es sobre todo aprender a convivir y a relacionarse con el medio que nos rodea, desde nuestras capacidades y singularidades.
37. Torrego (2006), diferencia cinco tipos diferentes de conflictos según los implicados en el mismo. Además de los tres utilizados, también se pueden dar conflictos entre padres y conflictos entre alumno y padres.
38. Diferentes guías para la confección de los Planes de convivencia, apuntan la necesidad de la participación de padres, alumnos y profesores en la redacción del documento (Guía para la confección de Planes de convivencia, Escuelas Católicas de Madrid; Plan de convivencia en los centros de Cantabria; Pautas para el proceso de elaboración del plan de convivencia de los centros escolares Navarra, Orientacions per elaborar el Pla de Convivència CAIB)
39. D.O. Departamento de Orientación.
40. Se ha optado en seis respuestas para evitar respuestas centrales.
41. Los padres son interlocutores e informadores privilegiados muy válidos sobre la evolución, actividades y vivencias de los alumnos más allá de lo que pasa en el centro (Buisán, 1987), así como también factores protectores y de riesgo (según los casos) en el conflicto escolar (Boggino, 2007)
42. Los alumnos son observadores privilegiados de los problemas de convivencia en el centro (Olweus, 1993)
43. Diferentes guías para la confección de los Planes de convivencia, apuntan la necesidad de utilizar técnicas de recogida de datos diversas (entrevistas, cuestionarios…) para hacer la evaluación inicial del estado del centro. (ver nota 5)
44. El plan de convivencia ha de ser un documento conocido por toda la comunidad educativa, como indican diferentes guías de confección de Planes de Convivencia (ver nota 5)
Copyright y todos los derechos reservados - ISSN: 1989-0966
Per citar l’article
“Nadal, A., Vives, M., Capella, C. (2008). Los planes de convivencia como documento activo del centro y para el centro. IN. Revista Electrònica d’Investigació i Innovació Educativa i Socioeducativa, V. 1, n. 0, PAGINES 203-224. Consultado en http://www.in.uib.cat/pags/volumenes/vol1_num0/nadal_vives_capella/index.html de l’article en (posar data)”