Programas de convivencia y resolución de conflictos
La formación en resolución de conflictos se basa en una idea esencial que el conflicto es necesario, se presenta en la vida de la persona y no se puede eliminar. Lo que se debe hacer es aprender de él.
Ilustración 1: El conflicto como momento en la vida
El conflicto es algo que no se puede evitar ya que es necesario para el crecimiento personal y social. En la ilustración (1) se presenta el conflicto como un momento en la vida de la persona que la modifica sustancialmente desde una perspectiva del Yo persona, del Yo social y el Yo familiar. Para que un conflicto se convierta en un elemento de crecimiento son necesarias dos estrategias: a) antes de que éste se dé, se debe enseñar a los sujetos estrategias para saber cómo responder a él, y b) si la respuesta no ha sido aprendida o no se ha dado con la respuesta adecuada, se deben enseñar los recursos para resolver el problema de la forma más favorable posible, para así aprender de él.
En todo proceso, y la convivencia es un proceso, existen momentos en los que no se cumplen los objetivos deseados y las cosas van mal. A los problemas de la convivencia, se suele denominar con el término conflicto.
Se han dado múltiples definiciones de conflicto. En la mayoría de ellas se destaca la importancia de los procesos de regulación previos y posteriores al conflicto para que se den encuentros entre las posturas de las personas en conflicto, para lograr la comprensión, la resolución de problemas y la mejora de las relaciones, y así evitar que el conflicto degenere en violencia.
Existe una idea extendida que considera el conflicto como algo negativo que hay que eludir. Esta idea esté probablemente basada en motivos como los siguientes:
Cuando hablamos de conflictos, nos solemos referir a la forma en la que estos se suelen afrontar o resolver que generalmente no es de forma positiva; se recurre a la violencia, la anulación del otro, la imposición.
Es sabido que enfrentarse a un conflicto requiere de una implicación, de un esfuerzo que necesita energía y tiempo y generalmente genera una situación no muy agradable.
Un tercer motivo es el miedo y la indefensión con la que nos enfrentamos a los conflictos, ya que la mayoría (incluidos los docentes) nos vemos como poco o nada capacitados, no poseemos herramientas y recursos, para gestionarlos de manera positiva.
Conflicto no es sinónimo de violencia. La violencia es para hacer daño (Villaosada y Palmeiro, 2006). En el conflicto existe una tensión, una energía; el conflicto encierra una oportunidad de paz. No obstante, como afirma Galtung (2003, p.107): “En el interior de cada conflicto hay una contradicción, algo que se interpone en el camino de otra cosa…, un problema. Y ¿qué mejor fuerza motriz para cualquier individuo o colectivo que un problema que exige solución?”.
Cascon (2000) definió el conflicto como toda actividad en la que un sujeto se enfrenta con otro u otros por la consecución de uno o varios objetivos. El conflicto implica desarmonía, incompatibilidad, pugna entre dos partes interdependientes. Es un proceso relacional en el que se producen interacciones enfrentadas. Puede originarse simplemente en la percepción de necesidades o interese encontrados, que no se satisfacen a la vez o en forma conjunta, debido a incompatibilidades o diferencias en los valores o en la percepción de la situación o por escasez de recursos. El conflicto se dará cuando un sujeto tiene un objetivo que otro no está dispuesto a facilitar o a obstaculizar. Jares (1997) añade que las personas o grupos en disputa están determinadas por la incompatibilidad personal, en valores o en los intereses que sostienen. A veces, incluso con la intención de infligir daño (Moore, Ch.,1994, pág.4).
La cuestión es como canalizar constructivamente esa energía para que realmente sea una oportunidad para el encuentro, para el diálogo, para mejorar las relaciones, para la convivencia, para un crecimiento personal y, por ende, para un cambio social. Para que este cambio y este progreso personal sea posible es necesario el conocimiento de las técnicas de resolución constructiva de los conflictos. Cornelius y Faire presentan la idea de que introducir un punto de vista diferente a la hora de abordar un conflicto, puede ser suficiente para que este se resuelva de una forma positiva y formativa. “El conflicto puede ser positivo o negativo, constructivo o destructivo, depende de lo que hagamos con él. Indudablemente muy raramente se mantiene estático ya que puede cambiar en cualquier momento. Podemos a veces variar su curso simplemente desde otro punto de vista” (1998, pág.14). Escuchar las emociones, descubrir los intereses y necesidades que esconden las posiciones, atender a cada una de las personas en conflicto y a su relación, son elementos de comprensión y de transformación de la forma de enfrentarse a los conflictos.
La interacción de todos los factores físicos y de los elementos estructurales, personales y organizativos de un centro docente origina un entorno particular que a su vez influye en el comportamiento de los agentes. A la percepción individual y colectiva del entorno educativo, se le denomina clima y éste es considerado actualmente como el origen de los comportamientos individuales en las escuelas. Así pues, el clima escolar de un centro está determinado, por la cantidad de conflictos que se den en éste, así como con la forma como la comunidad educativa los resuelve.
En la siguiente tabla se presentan diferentes elementos (personales, sociales, físicos y organizativos) que influyen en el clima escolar y, por ende, en la convivencia de un centro:
Centro como parte de la sociedad |
||
|
|
|
Institución |
Los espacios del centro |
|
Documentos |
Reglamentos |
|
Proyectos curriculares |
||
Organización |
Docentes |
|
Aulas |
||
|
|
|
Comunidad educativa |
Profesores |
Equipo directivo |
Profesores tutores/aula/ especialistas |
||
Alumnos |
||
Padres (33) |
||
Personal no docente |
Tabla 1: Elementos que afectan al clima de centro
Como puede verse en la Tabla 1, los elementos que definen el centro y su clima son muy variados y no siempre está en manos de la institución educativa el cambio de los mismos. Existen factores inmutables, con los cuales el centro debe aprender a convivir, como son: una realidad arquitectónica determinada, una realidad social determinada… Mientras que, por otro lado, el centro como institución y como grupo humano organizado, puede incidir en un conjunto de factores que sí pueden modificar el clima de centro (Antúnez, 1998). No obstante, este mismo centro, en demasiadas ocasiones tiene roles, ideas e interacciones difícilmente cambiables, que de una forma indirecta y no explícita, vienen a confeccionar un “currículum oculto”. Este “currículum oculto” (Santos Guerra, 2002) es el resultado de una tradición escolar que genera unos posicionamientos tácitos frente a la institución educativa y la práctica docente que gestionan el día a día del centro. Este currículum oculto, suele ser el que crea mayores resistencias a la hora de introducir cambios en la práctica docente.
Por otra parte, existen los diferentes miembros de la comunidad educativa que son sujetos directos de la acción. Padres, profesores y alumnos son piezas clave en el desarrollo de la vida escolar y determinan con sus actuaciones el clima escolar del centro. De la interacción de los distintos factores que conforman el centro educativo, se van a generar los conflictos en el centro y también desde el mismo centro se van a dar respuestas a estos conflictos.
No podemos, ni debemos intentar erradicar todo tipo de conflicto en el centro al plantearnos un plan de convivencia, si no que debemos buscar los mecanismos para reconducirlo y hacer de éste el elemento educativo que es. Este tipo de actuaciones requiere de unos cambios tanto en la mentalidad como en la forma de actuación de los diferentes miembros de la comunidad educativa. La intervención en la resolución de conflictos se debe dividir en dos momentos: antes del conflicto (actuaciones preactivas) y después del conflicto (actuaciones reactivas).
Cada una de estas etapas, necesarias en si mismas, requiere de unas actuaciones formativas diferentes por parte de los diferentes miembros de la comunidad educativa. De forma esquemática, las actividades que se proponen, tanto en la etapa preactiva como en la reactiva, se presentan en la Tabla 2 (Previas al conflicto) y la Tabla 3 (Posterior al conflicto).
Actuaciones y Formación en competencias Preactivas al Conflicto.
Dirección |
Profesores (34) |
Alumnos |
Padres |
1.- Revisión de los documentos de centro. |
1.- Revisión y adaptación de la documentación de aula(35). |
1.- Competencia Social: Los conceptos que se presentan no están aislados si no, contrariamente, están muy interconectados. No obstante se cree que antes de entrar en la Negociación y la Medicación, es necesario haber trabajado la Competencia Social. |
1.-Escuela de padres. |
Tabla 2: Actuaciones y Formación en competencias Preactivas al Conflicto.
Formación en conductas reactivas de la resolución de conflictos.
Dirección |
Profesores |
Alumnos |
Padres |
1.- Procesos de Negociación. |
1.- Procesos de Negociación. |
1.- Procesos de Negociación. Los conceptos que se presentan no están aislados si no contrariamente, están muy interconectados. No obstante se cree que antes de entrar en la Negociación y la Medicación, es necesario haber trabajado la Competencia Social. |
1.- Procesos de Negociación. |
Tabla 3: Formación en conductas reactivas de la resolución de conflictos.
Los temas a tratar en cada grupo-clase o ciclo educativo dependen de los intereses de los profesores, una vez realizada una evaluación de las necesidades del centro, teniendo claro que lo que se busca no es una intervención puntual, si no la generación de una necesidad y de una forma de trabajar que dure en el tiempo
33. La importancia de la familia es fundamental tanto como agente principal de la educación así como factor de riesgo y protección en el desarrollo del niño y adolescente (Díaz-Aguado, 2006)
34. Al referirnos a los profesores, no hacemos en principio diferencia entre profesor de aula y profesor tutor. No obstante si que hay actividades que deben ser desarrolladas de una forma más específica en el Plan de Acción Tutorial.
35. Recordemos que las adaptaciones curriculares, son documentos de aula, responsabilidad del tutor, aunque en demasiada ocasiones recae su confección y gestión en los profesores de pedagogía terapéutica, audición y lenguaje o atención a la diversidad.
Copyright y todos los derechos reservados - ISSN: 1989-0966
Per citar l’article
“Nadal, A., Vives, M., Capella, C. (2008). Los planes de convivencia como documento activo del centro y para el centro. IN. Revista Electrònica d’Investigació i Innovació Educativa i Socioeducativa, V. 1, n. 0, PAGINES 203-224. Consultado en http://www.in.uib.cat/pags/volumenes/vol1_num0/nadal_vives_capella/index.html de l’article en (posar data)”